30 de December del 2017

La hipnosis: maltratada y mal tratada

La hipnosis va ganando terreno, en los últimos tiempos, en la consideración que cada uno se plantea con esta técnica como posible elemento curativo o de tratamiento en enfermedades nerviosas y mentales. Pero aún siendo esto cierto, todavía permanece el gran desconocimiento que se tiene, imaginando situaciones nada reales, y, especialmente, desconociendo todo el enorme potencial que encierra. Vamos a tratar de acercarnos lo mas posible a ésta técnica que es tan eficaz, rápida y completa que permite tratar una gran mayoría de enfermedades desde las puramente mentales hasta las fisiológicas.

Empecemos por decir claramente que por poner a alguien en estado hipnótico, en cualquier estado hipnótico, cosa muy sencilla de hacer, no se le cura nada, no experimenta ningún cambio, no hay nada diferente excepto que el sistema inmune se potencia, aún se ignora como y por qué pero si está comprobado que se potencia. Es la terapia que se aplica en estado de hipnosis la que va combatiendo los impactos emocionales, los condicionantes negativos que están en la mente,  logrando que vayan remitiendo las patologías de que se trate. No hay nada fulminante ni espectacular. Pero es una técnica muy rápida en la consecución de los objetivos finales, directa en la operativa y eficaz en los resultados.

Hay muchas definiciones de hipnosis, casi todas incompletas y ciertas a la vez, por eso prefiero no describir nada y tratar de detallar qué es, como se aplica y cuales son los pasos que normalmente se siguen.

Es necesario situar al paciente en estado de la mayor profundidad, intensidad, alcanzable, lo mas profundo que sea posible para tratar de alcanzar la memoria a largo plazo y las partes cerebrales mas profundas, con el objetivo de producir modificaciones en la conducta, en los hábitos, en la línea que la patología de que se trate. Hay que matizar que este estado es un estado artificial inducido, al que se llega mediante una serie de técnicas que comportan una serie de ejercicios que permiten alcanzar este estado que en nada se parece al sueño fisiológico, y que es distinto para cada paciente.  

Podemos entrar en trance hipnótico de forma natural al abstraernos y concentrarnos en algo que despierta nuestro interés de manera que no atendemos ni captamos nada fuera de ese centro de interés que retiene toda la atención. Recordemos aquí la llamada “hipnosis de la carretera”, producida por un estado de atención focalizada provocada por la monotonía.

Para alcanzar este trance profundo se comienza por inducir una relajación que permite algo así como ir separando la mente del cuerpo, puesto que el cuerpo recibe sensaciones inducidas similares a las que experimenta cuando va a dormir y queda quieto, mientras que la mente permanece despierta a través de la memoria implícita, el inconsciente como tal ya ha quedado descartado por la ciencia, desconectando casi por completo la parte consciente o todo el cúmulo de memoria que coexisten en nuestro cerebro.

Es en esta “desconexión” de la parte consciente donde está el fundamento beneficioso de la hipnosis. Los impactos emocionales negativos, los traumas, los condicionantes, generadores de patologías van quedando almacenados en esa memoria implícita durante años en los cortex profundos de la memoria, y nos hacen actuar y sentir de forma contraria a nuestros deseos, alterando nuestra conducta de manera involuntaria. Las sugestiones introducidas con la terapia se depositan también ahí, en la memoria profunda inconsciente, y podemos ir modificando aquello que nos hace actuar mal, a favor de nuestros deseos, generando y/o liberando recursos mentales que incluso ignoramos que los tenemos.

Permítanme que aclare que insisto en no despegar el apellido de “clínica” de la palabra hipnosis, cuando estemos hablando de una técnica que trata enfermedades, obviando la pura anécdota del hecho de ser hipnotizado. Este apellido indica además que nos movemos dentro de los parámetros que la ciencia tiene como ciertos, válidos y demostrados, sin rozar siquiera un ápice de todo ese conjunto de pseudo tratamientos, sin la menor base científica, carentes de cualquier connotación curativa, pero que resultan espectaculares y misteriosas, con la dosis de atracción que este aspecto comporta.

Me estoy refiriendo a las mal llamadas terapias de vidas pasadas, presuntas vidas pasadas, o recuerdos uterinos imposibles, o incluso la regresión por la regresión de forma continuada, que nada trata ni elimina. Son simplemente técnicas, o mas bien enfoques torpes carentes de base, que no pretenden mas que pasar el rato, cobrando claro está, y procurar operaciones milagrosas.

Con este tipo de intervenciones se propicia la aparición de problemas de difícil o imposible tratamiento, como el trastorno de personalidad múltiple, ya que el paciente recuerda claramente lo sentido durante la sesión, siendo imposible que se le convenza de que aquello que “ha creído ver” era simplemente una fabulación de su propia mente como salida cómoda ante una presión, cuando no inducción, del presunto terapeuta.

La hipnosis clínica, como técnica, es muy concreta en cuanto a su aplicación, dispone de determinados ejercicios, no muchos, que se entremezclan para producir el tratamiento adecuado a cada patología, considerando además el grado de cronicidad y la gravedad que se aprecien en cada paciente.

Aquí conviene describir que aunque dentro siempre del concepto “clínico” existen diferentes escuelas o corrientes que abordan la misma patología de manera algo diferente, y cuyos resultados suelen ser también diferentes, especialmente en lo que al número de sesiones requeridas se refiere. Vean el cuadro al final que describe cada una de éstas escuelas o corrientes.

De aquí en adelante voy a referirme solo a lo que la hipnosis clínica inductiva, o directa, propone y desarrolla, como modelo de terapia completa.

Una sesión de terapia, de hipnoterapia clínica, se compone de tres fases sucesivas y diferenciadas, como son: relajación, visualización y terapia.

Para la relajación utilizamos casi en exclusiva un sistema que se deriva del autógeno de Schultz modificado, con inclusiones del Jacobson, en pasadas sucesivas por paquetes musculares de pies a cabeza. Se debe básicamente al Dr. James Overholser, profesor norteamericano. Es exactamente el mismo procedimiento que el cuerpo emplea cuando se va a dormir, relajándose progresivamente de pies a cabeza, descubrimiento que se debe en origen remoto al médico español Dr. Camilla. La comprobación de que esto es así la tenemos en que si tenemos los pies fríos no podemos dormirnos, y esto es porque en esa frialdad se instala una barrera que impide que la relajación suba por el cuerpo.

Al inducir el trance descrito, el paciente escucha, no solo oye, perfectamente todo lo que se le dice. Es mas, puede oír ruidos que en estado de vigilia no oiría ya que los sentidos están mas despiertos, potenciados, en alerta. Es bastante común que los pacientes manifiesten “no haberse dormido”, interpretando el verbo “dormir” en el sentido mas convencional y extendido del término.

En esta fase de relajación da comienzo la fase llamada REM (rapid eye movement), en castellano “movimiento ocular rápido” o MOR, que es el principio del trance hipnótico, y que se consolida con ejercicios de visualización adecuados. Esta fase tiene una importancia capital ya que sin ella no hay casi ninguna posibilidad de que la terapia que se va a dar ni entra ni se fija ni tiene efectividad alguna. Si el terapeuta guardara silencio durante mas de 15 segundos el paciente entra en fase de reordenación de memoria, sueño convencional, saliendo de la fase hipnótica en la que va a entrar.

El utilizar siempre este sistema de relajación tiene la principal y enorme ventaja de poder dimensionar a voluntad su extensión, según como vaya respondiendo el paciente, alargando o acortando las pasadas hasta la fase mencionada, con la profundidad elegida. Hay muchos mas sistemas o procesos de relajación, pero utilizamos este por la adaptabilidad que nos brinda, una flexibilidad capaz de eliminar resistencias muy diversas.

Inmediatamente después de la relajación viene lo que denominamos “encadenado de bajada”, que es la suma de varios ejercicios a aplicar según apreciación del terapeuta teniendo en cuenta la gravedad, cronicidad, situación relativa del paciente, etc., y que se diseña mezclando ejercicios de visualización, de diferente potencia, potenciadotes y relajaciones complementarias.

Este encadenado de ejercicios nos permiten bajar a memoria profunda, en la medida que el terapeuta considera que es necesario atendiendo a la gravedad de la patología, la situación del paciente, su facilidad o dificultad con el proceso, etc. Variables que han de configurar la potencia global total de la sesión buscando el efecto pretendido de la manera mas eficaz posible.

Visualizaciones reconocidas hay, en la hipnosis inductiva, solo cinco, con diferente grado de intensidad y distinta intención en cuanto a su aplicación. Estas visualizaciones han sido ya largamente experimentadas por los que las diseñaron y tienen unos márgenes de actuación conocidos, para ser utilizados en la forma que mas convenga.

La de la pizarra (ver una pizarra e ir colocando letras o números dentro de una figura) es de potencia suave, pero si se extiende mas allá de 8 dígitos se convierte en ejercicio de relajación.

La del avión, es de potencia media, y tiene un cromatismo que intensifica la fase de que hablábamos. A mas blancos contrastados, mas potencia al aumentar la croma.

La de la pradera, que los americanos utilizan con connotaciones sexuales que los europeos eliminamos, abre de forma muy fuerte la emocionalidad y es mas potente aún en función de su policromatismo.

La habitación, o escalera que también se llama, es mixta de relajación y visualización, y es muy adecuada para ponerla inmediatamente antes del ejercicio cognitivo, que luego explicaremos, por su fortaleza al potenciar los ejercicios.

Luego está la de la playa desierta que se emplea en regresiones y para aislamiento.

Los potenciadotes son cuentas descendentes que resultan tanto mas potentes cuanto mas alto sea el número de que se parte, y mas aún, dependiendo del refuerzo que se ponga. Por ejemplo, repetir que la relajación aumenta cada 10 puntos es menos fuerte que hacerlo cada 5, y menos que cada 3.

Las relajaciones complementarias que son tres; líquido o gas, adormecedor o anestesiante, en sentido ascendente (la mas fuerte), descendente, y otra que parte de la cintura arriba y abajo, que es la mas suave.

El bucle reiterativo consiste en repetir una misma idea central de diferentes formas, variando el texto, pero manteniendo siempre la idea.

En tercer lugar está la terapia propiamente dicha, que consta de ejercicios de  autoestima, autoconcepto, autocontrol, cognitivo y castigo, según convenga.

Todos sabemos que la autoestima es la forma de vernos a nosotros mismos, de querernos o no, origen y base de casi todas la patologías.

El autoconcepto es la forma en que nosotros creemos que los demás nos ven, sea o no cierto, lo que creemos que piensan de nosotros.

El autocontrol es la capacidad de dominar nuestros impulsos, sean los que sean, así como la de dominar situaciones que nos resultan adversas.

El ejercicio cognitivo, la antigua orden, consiste en decir lo que se ha de hacer o no hacer, incidiendo sobre aquellos aspectos que el paciente nos a mostrado como mas traumatizantes. El ejercicio de tipo aversivo, también llamado de castigo, es una sugestión de tipo repulsivo o de rechazo que se induce para evitar actos repetitivos, reprimir hábitos indeseados.

La charla del terapeuta debe ser monótona, monocorde, tediosa y reiterativa, excepto en el ejercicio cognitivo, o en el aversivo, cuando se utilice, en que se debe adoptar un tono mas firme, seco, autoritario, concreto y algo mas alto.

Este es el esquema de diseño de una sesión de terapia. Con la suma de diferentes formas y modos de cada uno de estos ejercicios se abordan patologías de muy diferente tipo y gravedad, independientemente de la orientación que se le dé a cada caso. Por ejemplo, las fobias responden muy bien con planteamiento psicodramático, las patologías sexuales, con planteamiento gestáltico, etc., etc.

Para nosotros, las patologías se dividen en seis grandes grupos;


      -     Fobias. Todas ellas, las que sean y como vengan.

-          Compulsiones. Comportamientos compulsivos, obsesiones y demás.

-          Represiones. Problemas derivados de represiones.

-          Adiciones. También todas, las que sean.

-          Neuralgias o neurosis. Depresiones, ansiedades, conductas, etc.

-          Tratamiento fisiológico, de algunas enfermedades físicas, no víricas.

 

El diseño de cada tratamiento va a depender de la cronicidad y de la gravedad estimada en el momento, ya que no es lo mismo abordar una ansiedad leve que otra con crisis de pánico y fobias. Los encadenados de bajada, que configuran la potencia de la sesión terapéutica, han de ser acoplados al vigor que se deba dar a la terapia para remover lo que está condicionando al paciente, su enfermedad.

Hay que considerar que a medida que el tratamiento avanza, el paciente se va sintiendo mas identificado con el proceso, comprueba su mejoría, y hace mas fácil la intervención, por lo que se hace imprescindible ir reduciendo progresiva y paulatinamente la potencia de cada sesión, para conseguir el mismo efecto benéfico.

La ansiedad es la patología de presencia prácticamente constante en todos los casos, ya sea como problema aislado o como síntoma de otros problemas. Se dice que es la enfermedad del siglo por la generalización de la misma. Tiene una prevalencia de treinta años durante los que está generando otras patologías y haciendo la vida muy complicada a los que la padecen.

Si no se realiza ningún tratamiento puede evolucionar llegando a patologías muy graves y de difícil abordaje, pero tratada convenientemente no resulta especialmente difícil su eliminación, dicho esto con las naturales cautelas.

Hay que poner de relieve, por la enorme importancia que tiene en muchas patologías, como en la anorexia, que el medio que envuelve al paciente tiene que ser adaptado a la situación del mismo, llegando a ser imprescindible que sea modificado en el sentido oportuno. El entorno ejerce una presión enorme de tipo condicionante, y si no somos capaces de reformar esto, la terapia se va a ver seriamente afectada y normalmente abocada al fracaso con el tiempo, en una buena cantidad de casos.

Este medio o entorno del paciente viene formado por las personas mas próximas a él, familia y amigos. La colaboración, comprensión y ayuda, de todos ellos, con posturas mantenidas de forma constructiva, resultan tan eficaces para el éxito de la terapia como un buen diseño de la misma. El terapeuta no puede dejar de lado este aspecto, y tiene que entrar de lleno en él advirtiendo, formando y aconsejando lo mas conveniente.

En los casos de dependencias, cualquiera que sea, y en algunos casos complicados de trastornos de conducta, la terapia adecuada debe incluir el ejercicio aversivo, fuerte o suave, según el grado de adicción y la cronicidad. Este aversivo es una inducción para “sentir” algo desagradable como aviso y disuasión de aquello que se trata de eliminar.

El aversivo fuerte consiste en hacer notar un calambrazo al realizar la acción a eliminar, y se instala en el trance de forma que el paciente lo sienta realmente. Los terapeutas americanos preparan esta inducción con un calambrazo real, mediante una máquina de bajo amperaje y voltaje variable, como a 10/15 voltios mas o menos.

El aversivo suave trata de que se manifieste un sabor muy desagradable al realizar la acción prevista, siendo muy útil en las dependencias de tabaco y en las compulsiones alimentarias.

La eficacia de la hipnosis clínica no puede buscarse de forma inmediata ya que al tratarse de sugestiones que van quedando en la parte inconsciente, actúan poco a poco y se van manifestando a través del tiempo. La gran mayoría de patologías remiten entre cinco y siete sesiones de terapia, siendo escasos las que puedan precisar mas.

Personalmente me gusta hacer las tres primeras sesiones a razón de una por semana, ya que a partir de la tercera la evolución ya es lo suficientemente fuerte como para que el paciente ya actúe de acuerdo a las sugestiones de la terapia, y vaya siendo consciente de que se está produciendo el cambio deseado, simplemente dejándose ir, sin planteamientos previos ni racionales

Lo que no puede hacer nunca es racionalizar este tipo de terapia. Si se trata de racionalizar estamos abocados al fracaso. Simplemente se actúa “inconscientemente”, en virtud de las sugestiones instaladas, de forma diferente a la que resultaba patológica.

El caso mas típico y tópico puede ser el de alguien que tiene fobia, la que sea. Cuando la terapia progresa, simplemente deja de reaccionar con el miedo y los síntomas anteriores. Es después de la reacción diferente cuando piensa que antes no lo podría haber hecho así. Mientras que si trata de racionalizar que al estar en tratamiento ya va a poder hacer lo que quiera, jamás va a poder ver eso miedos superados.

Este es uno de los puntos donde este tipo de terapia llega incluso a oponerse a lo que se postula en un tratamiento clásico cognitivo-conductual, donde es habitual que se pongan en práctica métodos de exposición, que son generadores de ansiedad y por tanto contrarios al tipo de terapia en hipnosis.

Hay un tipo de pacientes que resultan de muy complicado tratamiento que son los que se preocupan constantemente de los síntomas que sienten, se analizan de forma permanente. Al comenzar el tratamiento pueden atisbar resultados positivos y acentúan ese autoanálisis hasta extremos difícilmente comprensible, por lo que están retroalimentando su ansiedad de forma permanente. Así se establece como un círculo, bucle o cortacircuito, que lo único que consigue es volver siempre a las estados anteriores al comienzo del tratamiento, aunque esté ya avanzado.

Para cualquier tratamiento hay que partir del origen de las patologías que se suele encontrar en la infancia o adolescencia. No es imprescindible que en esas edades se haya producido situaciones traumáticas, pero generalmente encontraremos una suma de impactos emocionales, cuando no traumas importantes, suficientes para producir patologías, o desencadenarlas en el momento en que exista una situación detonante.

En definitiva se trata de reconstruir todo el proceso de deterioro, tendiendo a superar las situaciones previas que han posibilitado la implantación de la situación presente. La superación de situaciones comporta también la eliminación del concepto o sentimiento acerca de posibles asociaciones de personas determinadas con aquellas situaciones. En resumen, la eliminación de todos los condicionantes que el paciente presenta y que el terapeuta advierte.

Los procesos son bien conocidos, por diversos que sean, y evaluando la gravedad y cronicidad correctamente ya se puede diseñar una terapia adecuada a la persona. Sesión a sesión se va comprobando cual es la evolución prevista y buscando el por qué, si hay desviaciones, para corregir en la forma debida.

El efecto positivo de la primera sesión es mas bien débil, dura algo así como dos o tres días con evoluciones no demasiado fuertes, y es que las sugestiones no tienen aún fuerza determinante. Con la segunda sesión esta fuerza aumenta, ya alcanza casi a la semana, y se consolida normalmente con la tercera en que se comienzan a espaciar las sesiones, de forma que cuando ha transcurrido un mes sin ningún síntoma de los que llevaron al paciente a la consulta se considera que hemos terminado el tratamiento.

En estas condiciones la patología tratada ya no vuelve mas, está definitivamente superada, y se ha producido otro de los efectos mas desconocidos de la hipnosis clínica: el efecto vacuna; cuando un tratamiento se lleva a término de forma correcta, la patología desaparece para siempre.

Quiero hacer aquí un comentario especial dedicado a las enfermedades psicosomáticas, que componen una lista inacabable de patologías de todo tipo con el denominador común de la ignorancia de sus orígenes, de su tratamiento adecuado y de todo lo demás. Es la gran laguna de la medicina moderna.

Como ejemplo de enfermedades psicosomáticas tenemos la tan traída y llevada fibromialgia, el colon irritable, casi todas las dermatitis, la mayoría de alergias, buena parte de los procesos asmáticos, etc., etc. Se trata de una respuesta del organismo a presiones enormes que tienen su origen en la ansiedad comúnmente, y que tienen una magnifica respuesta al tratar la patología de origen, la ansiedad por lo general, desapareciendo todos aquellos síntomas incluso antes de terminar el tratamiento adecuado.

La base de cuanto afirmo se encuentra en lo que se denomina interacción mente-cuerpo, puesta de relieve sobre los años veinte del siglo pasado, y confirmada plenamente en los años setenta. La medicina actual conoce esta circunstancia pero ignora como tratarla, por lo que imagino que resultaría muy eficaz disponer del apoyo de la medicina oficial como complemento de tratamientos imposibles con pastillas.

He dejado para el final deliberadamente el comentario de los tratamientos fisiológicos, mas desconocidos aún que la propia técnica, tanto en resultados como en su sistemática de aplicación.

Consiste en tratar enfermedades físicas directamente, mediante el protocolo de hipertermia en hipnosis, exclusivo de nuestra escuela. Este protocolo permite tratar enfermedades mediante la elevación de temperatura de la zona a tratar.

Esta elevación de temperatura se produce mediante aparatos diseñados a tal efecto, pero mediante nuestro protocolo se eleva la temperatura en hipnosis sin aparatos de ningún tipo. Nuestro protocolo tiene la gran ventaja de producir la temperatura dentro del organismo, no fuera como con aparatos, por lo que resulta mas eficaz.

Por esto el tratamiento fisiológico de enfermedades mediante hipnosis clínica tiene éxito, es muy efectivo y hasta sorprendente en algunos casos, por la gravedad o el temor que determinadas enfermedades nos producen.

Se han ensayado diversas técnicas para este tipo de tratamientos, pero la única que ha resultado eficaz en todos los casos ha sido la hipertermia, elevación de temperatura en una zona localizada hasta donde sea posible y aconsejable.

Para ello hay que proceder como para cualquier otra patología, sea la que sea, una inducción profunda para que una vez en ese estado se proceda al “aislamiento del paciente”, que como su nombre indica consiste en aislar al paciente de todo lo que pueda restarle concentración.

A continuación se “aísla la zona” que se vaya a tratar, haciendo visualizar al paciente el órgano o punto concreto de que se trate. Este aislamiento de tipo descriptivo mental, lleva aparejada la sensación táctil, colocando la mano de forma que se proyecte y sitúe ese órgano o punto bajo la mano, con el fin de realzar el aislamiento y descripción anteriores. Si la zona a tratar es pequeña, el aislamiento de zona hay que hacerlo mediante el uso de agujas de acupuntura o con la yema del dedo.

Es necesario que si se trata de puntos orgánicos de general desconocimiento, sea descrito previamente a la sesión de modo y manera que el paciente sea capaz de comprender como es y donde está, aproximadamente, lo que se va a tratar. La visualización posterior con el aislamiento será mas eficaz y accesible por el paciente.

Se comienza a elevar la temperatura mediante bucles reiterativos, frases de igual significado que se repiten de diferente forma, para conseguir elevar la temperatura hasta que se note en la mano del terapeuta. Ahí se mantiene durante unos minutos, no muchos, indicando lo que convenga; que se quema, que se diluye, que se coloca debidamente, que sana o que cicatriza.

En los casos en que se trate de cauterizar alguna zona, o eliminar algún punto mediante quemadura, no son necesarias muchas sesiones. Entre 4 y 6 parecen suficientes, como media, para tratar bien lo que se desee, siempre que tratemos de cauterizar algo no excesivamente grande, como hasta 5 cm aproximadamente. Es imprescindible, al no existir otro medio, comprobar el resultado mediante medios tradicionales como la radiografía, el TAC, etc., y es conveniente realizar una sesión a modo de garantía suplementaria después de haberse constatado que se ha eliminado lo que se pretendía.

Los tratamientos sobre glándulas son mas lentos puesto que las glándulas tienen una evolución mas pausada, siendo normal pasar de 10 sesiones para poner a funcionar una tiroides hipertrofiada o regular un páncreas, por ejemplo. En estos casos es conveniente mantener durante un tiempo extenso, mas de un año, sesiones mensuales de recuerdo que permitan que la glándula tratada permanezca funcionando aceptablemente.

Es evidente que en los casos de luxaciones, esguinces y temas similares, que generalmente requieren de una sola sesión, la comprobación no tan es necesaria, ya que el paciente observa directamente el resultado. Es conveniente en estos casos mantener una elemental prudencia unos días después de resolver el problema puesto que la zona queda resentida.

Existe un tiempo concreto para cada tipo de actuación con hipertermia y que viene determinado además de por el tipo de órgano a tratar, por el tratamiento en sí. La estimulación requiere tiempos cortos, no mas 2/3 minutos, mientras que la cauterización podría pasar de 10 según zona. La actuación sobre glándulas no permite mas de 6/7 minutos.

Hay que poner de relieve que el tiempo se mide desde que la mano comienza a recibir la respuesta a la inducción de hipertermia, en forma de calor.

Hasta aquí un esbozo de lo que es y supone la hipnosis clínica. Si de los que hayan leído estas líneas hay alguien que se ha interesado y quiere probar una técnica tan exenta de efectos secundarios, directa y eficaz como esta, déjeme pedirle que acuda al profesional correspondiente con la mente abierta, libre de prejuicios y tratando de obtener lo que busca, la remisión de su patología. Pero no lo hagan pensando que esto es la panacea, algo milagroso, aunque a veces lo parece, o algo esotérico y misterioso. No hay nada de esto. Simple y sencillamente es una técnica muy desconocida, que funciona bien, que la conocen pocos, muy pocos, y que tiene un proceso que hay que seguir, diferente en cada caso y para cada persona, aunque siempre dentro de las posibilidades de la técnica.

 

                                                                                  Angel Mateo (Hipnoterapeuta)