7 de February del 2015

Estimulación glandular con hipertermia

A modo de enunciado de tipo generalista, sin profundizar, sabemos que existen varias glándulas en el cuerpo humano que producen diversos tipos de sustancias, llamadas generalmente hormonas, que cuando llegan al cerebro se convierten en neurotransmisores.

Este tipo de sustancias u hormonas tienen funciones específicas y concretas para el normal funcionamiento del organismo y cuando, por razones de diversa índole, su funcionamiento se ve afectado, tanto en mas como en menos, se producen problemas que hacen que el cuerpo altere de forma sustancial eso que he denominado el “normal funcionamiento”.

Los casos más comunes de intervención en esta línea se producen con la tiroides y/o el páncreas, en línea de regulación, lo que implica que tanto se puede actuar para estimular como para reducir la normal producción de la sustancia correspondiente, según fuera el caso. La tendencia interventiva es para ver de lograr que esa glándula funcione con la mayor normalidad posible.

De esta forma las intervenciones que suelen ser semanales en un principio, han de ir distanciándose en el tiempo hasta realizar abordamientos cada 45 días o más, manteniéndose el buen funcionamiento glandular que se comprueba con los necesarios exámenes médicos. Al inicio, y en casos más graves, se pueden hacer dos sesiones semanales hasta regular una actividad más normalizada.

Una vez que esa glándula ha regularizado su funcionamiento, o se considera que ese funcionamiento está dentro de los parámetros adecuados, es conveniente suprimir la intervención dejando que sea el tiempo el que determine si se hace necesario volver a reanudar el tratamiento y en qué medida, siempre según los resultados que la medicina convencional obtiene.

Un aspecto, en mi criterio, nada desdeñable, es que cabe evaluar si hay o no algún tipo de incidencia emocional que pueda alterar el funcionamiento glandular, por lo que, de existir, cabría mitigar los posibles efectos que los problemas emocionales pudieran tener sobre ese mal funcionamiento glandular una vez alcanzado el fin primario, que es la regulación glandular.

Conviene no olvidar que a través del sistema linfático, y como consecuencia de problemas emocionales acumulados, se puede llegar a padecer una situación tan alterada que podría incluso a llegar a formar parte del ADN, con lo que los posibles tratamientos se ven tan extraordinariamente afectados que incluso pueden llegar a ser inútiles, siempre desde el punto de vista de la hipnosis, no de la medicina convencional.

En cualquier caso esta es una posibilidad que habría que tener muy en cuenta a la hora de afrontar tratamientos que inciden en o desde determinadas glándulas, y sus consecuencias posteriores en el organismo. La hipnosis aquí resulta espectacularmente beneficiosa, nada invasiva, sin peligros en su aplicación y con efectos muy duraderos, que considero debería ser tenido más en cuenta. El protocolo concreto así lo contempla.

Quizá no se considera por desconocimiento, pero ahí está con toda su fuerza.