7 de January del 2018

El dominio del inconsciente o memoria implícita

Es muy frecuente que a la consulta vengan personas con algún problema y que indiquen que “no saben como sacudírselo de encima”. Esto es normal ya que casi nadie sabe, ni puede, quitarse esa especie de losa que nos aplasta y que nos impide realizarnos como realmente desearíamos: es el inconsciente o subconsciente que nos domina, y eso a pesar de que ya ha quedado descubierto y comprobado que ese mismo inconsciente como tal no existe, se trata de la memoria implícita la que maneja esos conceptos

La memoria implícita se activa de manera involuntaria y lo que capta y almacena produce un tipo de conducta, diferente para cada cual, que nos disgusta, nos impide realizarnos correctamente, nos inhibe, nos coarta, nos produce conductas indeseadas muy a pesar nuestro..

Cuando se van depositando experiencias emocionales  de este tipo que menciono, especialmente negativas, se van acumulando ahí y comienzan a modificar nuestra conducta en función del tipo de miedos o temores que nos van infundiendo. Esto llega hasta extremos inconcebibles, tan inconcebibles que un caso real, omitiendo datos obvios, ayude a esclarecer.

Un paciente viene a consulta indicando que padece una molestia al orinar que le preocupa. Ningún médico ha encontrado nada que pueda provocar esa molestia, que sin embargo está siempre presente y con variaciones, unas veces mas intensa otras veces, menos.

Al preparar su historial me refiere que tuvo hace unos años un cólico nefrítico que, como todo el mundo sabe, es extraordinariamente doloroso. A mi me da la sensación de que es lógico que después de un cólico de esta envergadura quede una molestia a modo de recuerdo o temor inconsciente.

Como no aparecen elementos mas importantes a considerar, le preparo la terapia orientada a lo que acabo de expresar. Comienza el tratamiento y aunque parece que hay una ligera mejoría al principio, todo se estanca y el paciente no progresa. Esta es la señal de alarma de que algo hay que impide el progreso normal de la terapia y que resulta imprescindible sacar a la luz ese aspecto para desbloquearlo y lograr la ansiada mejoría.

Se le somete a regresión de edad para buscar ese elemento de bloqueo y se le sitúa al paciente en el momento de aquel cólico nefrítico. Al mencionar que está en esa situación y que el dolor es intenso el paciente lo niega, dice que no le duele. Mi perplejidad es enorme.

Le insisto un par de veces mas mientras mi cabeza da vueltas buscando posibles soluciones, y la respuesta es invariablemente la misma: “no me duele”.

Se me ocurre que es posible que determinados miedos puedan haber incidido de una manera tan excesiva y le pregunto si lo que tiene realmente es miedo a padecer un cáncer. La respuesta me deja estupefacto. Contesta con toda rotundidad: SI.

A partir de este momento la terapia se cambia y esta nueva adaptación funciona a la perfección, con reacciones normales y positivas.

Simplemente, el inconsciente tiene tanto miedo, tanto terror, a padecer un cáncer que le hace elaborar una historieta tan irreal como la descrita. Pero en vigilia, despierto, esta persona se encuentra prisionera de ese terror y por lo tanto lo que fluye es la historieta que el inconsciente ha elaborado. El paciente no miente, solo es presa del pánico al cáncer, y manifiesta lo que ese terror le hace decir.

Otro caso igual de ilustrativo es de otra persona que quiere dejar de fumar y por eso viene a consulta. A pesar de advertirle de que, por lo que me cuenta, soy de la opinión de que es preferible tratar primero la compulsividad y ansiedad con las que fuma, él prefiere primero eliminar el tabaco y después lo demás.

Se hace así y con todo éxito. Me llama de nuevo pasados unos diez meses indicando que ahora quiere eliminar esa compulsiidad para adelgazar ya que considera que tiene unos kilos de mas y desea eliminarlos. Está plenamente convencido de que todo va a salir a pedir de boca sobre la base del éxito anterior.

Comenzamos el tratamiento sin la mas leve mejoría, sigue comiendo igual. Pasadas dos sesiones me hace una pregunta intrigante: ¿Si mi inconsciente no  quiere adelgazar la terapia es eficaz? La respuesta evidentemente es que no. A renglón seguido me dice que me falta información y me la aporta.

Esta información es que mantiene una relación afectiva a distancia con un horizonte complicado porque ni el puede viajar al país de su pareja, ni la pareja va a venir aquí.

Por otro lado ambos, cada uno en su estilo, son el ideal de belleza del otro, podríamos decir que son la pareja perfecta. El problema importante surge desde el momento en que la pareja puede venir a hacer estudios a España y es obvio que se van a conocer en persona.

Cuando me está relatando esto me doy cuenta de la situación concreta y le explico que no hay nada que hacer. Aunque se beba un vaso de agua, le va a engordar.

El inconsciente, la memoria implícita claro está,  tiene depositadas todas las ilusiones en que cuando la pareja se baje del avión se va a encontrar alguien con kilos encima, y por lo tanto ese mismo inconsciente se niega sistemáticamente a aceptar cualquier sugestión que está yendo en contra de los ideales e ilusiones presentes.

Le advertí que si esa relación fracasara, por cualquier razón, su adelgazamiento sería rápido sin mas terapia, ya que habrían saltado los resortes mentales que impedían que esta persona intentase, siquiera, perder algún kilo.

Dos muestras del mismo botón. Cuando el inconsciente considera que tiene poderosas razones que la mente consciente posiblemente no entienda, es imposible ir en su contra. Uno bloqueado por el miedo no podía progresar en su molestia, el otro, la ilusión por esta oportunidad amorosa le había bloqueado cualquier opción de cambiar el aspecto físico que presentaba.

El gran corolario de ambos casos es que al inconsciente, a la memoria implícita, se le puede educar, se le puede hacer reaccionar en otra línea diferente, pero siempre que este inconsciente quiera, siempre que no tenga otras motivaciones mas poderosas para actuar en la forma en que lo hace de manera habitual.

                                                           Angel Mateo (Hinpoterapeuta)