Hipertemia. Mi propio caso

La hipertermia como elemento clínico de tratamiento lleva investigándose y experimentándose algo así como 100 años. No es un concepto nada nuevo.

Lo que sí es nuevo es la aplicación en estado de focalización, en hipnosis clínica, de este antiguo concepto médico.

La hipertermia en hipnosis obedece a los mismos parámetros científicos que la que se hace con aparatos pero desde una perspectiva mucho más eficaz y próxima ya que la gran diferencia estriba en que el protocolo de aplicación en hipnosis genera temperatura en el interior del organismo mientras que al aplicarlo con un aparato hay que ponerlo fuera para que pase dentro.

Esta es la gran aportación que, en mi criterio, se está produciendo al poner a disposición del mundo médico una herramienta tan eficaz como ésta y tan carente de iatrogenia y/o efectos adversos, que llevan esta técnica a ser utilizable en multitud de casos.

Los tratamiento de recuperaciones funcionales de órganos o miembros afectados por cualquier intervención del tipo que sea, suelen resultar tan exitosos que los resultados sorprenden incluso al terapeuta.

La estimulación glandular es otro de los grandes apartados en que la hipertermia se muestra como de la mayor eficacia.

En el cáncer es donde resulta más eficaz, sin ningún sensacionalismo, al poderse tratar todos los carcinomas localizados en casi cualquier punto del organismo. Aquí hay que hacer una declaración expresa de que el hipnoterapeuta no dispone de ningún elemento que le permita decidir si hay curación o no.

Ha de ser exclusivamente la medicina convencional la que determine la evolución y la mejoría, en su caso, mediante las adecuadas pruebas diagnósticas que el profesional determine.

El hipnoterapeuta se convierte en este caso en una simple “máquina parlante” que aplica su técnica y espera resultados.

Me permito insertar aquí los documentos de base que señalan o permiten deducir mi propia evolución, como se indica a continuación

 

Mi propio caso. Tumor vesical infiltrante grado III, infiltración B

Me voy a limitar a exponer fechas con datos sin poner de mi lado la menor indicación, ya que todo el proceso es suficientemente indicativo para el que quiera verlo así.

Mas ampliado, incluyendo mis subjetividades, aparece todo el proceso en el libro que se anuncia en esta web, escrito por mí, bajo el título “Diagnóstico: tumor infiltrante”, editado por Liber Factory, del grupo Visión Net Editores, y cuyo link pueden encontrar también aquí.

Mayo 2.002.- Comienzo a orinar con sangre, hematuria, y soy tratado de infección urinaria durante más de un mes por el médico de cabecera del ambulatorio de Godella. En Junio, después de una hematuria muy intensa, voy a La Fe donde se me hacen pruebas y se sigue con el tratamiento de la famosa infección.

Septiembre 2.002.- Me cambio de domicilio y de ambulatorio, lógicamente. El médico que me corresponde me envía sin dilación al especialista que dictamina una ecografía. 

Noviembre 2.002.- Ecografía que determina que existe tumoración vesical de 3, 4 cm. Se pasa a cirugía que comienza con sus pruebas. Lo comento con D. Jesus Genaro Gonzalez con el cual se establece la estrategia de esperar a los resultados de la RTU para actuar entonces según convenga.

Febrero 2.003.- RTU realizada por el Dr. López, del equipo del Dr. Zaragozá del Hospital General de Valencia. Intervención realizada sin mayores dificultades con muy buen postoperatorio.

12 de Marzo del 2.003.- Se me dan los resultados de Anatomía patológica (documento 1) que indican que el tumor es inflitrante en grado III, con grado de infiltración B de Jewett. Se propone TAC a realizar próximamente, cosa que se hace en Abril siguiente.

16 de Abril del 2.003.- Se me comunica que el TAC confirma el diagnóstico de Anatomía patológica y se propone como única alternativa la intervención quirúrgica para eliminar vejiga y próstata (documento 2). Aquí ya indico mi deseo de hacer un tratamiento paralelo solicitando que la operación se posponga hasta que este tratamiento haya finalizado.

A fines de Abril comienzan las sesiones de hipertermia en hipnosis a razón de una por semana, y mientras trato de pasarme al IVO por encontrar discrepancias importantes  entre el equipo quirúrgico mencionado y mis propios criterios.

Finales de Mayo del 2.003.- En el IVO se preparan las pruebas pertinentes partiendo de la base del informe de Anatomía patológica, y que consisten en TAC, radiografías y analíticas de sangre y orina. Días después, muy a primeros de Junio, se me cita para comentar resultados de las pruebas. Comprenderán que no haya olvidado la frase resumen del Dr. Dumon al darme esos resultados: “Nos has traído un informe de un cáncer pero dinos donde está porque aquí no hay nada”. Se propone endoscopia inmediata.

Junio 2.003.- Se realiza la endoscopia con resultado negativo. Las muestras obtenidas igualmente dan resultado negativo. Con posterioridad se han hecho distintas pruebas; dos endoscopias y tres cistoscopias, siempre con resultado negativo. La última cistoscopia es de Enero del 2.008 y ya se pasa a vigilancia radiográfica y analítica exclusivamente.

A partir de aquí que cada cual extraiga sus propias conclusiones, pero nadie va a poder afirmar cosas que están fuera de lo que se afirme en este escrito y que quede demostrado por el oportuno documento.

Todo este proceso fue fielmente recogido  en el artículo que el periodista Antonio Muro, de la revista D.Salud, recoge y publica en el número 54 del mes de Octubre del año 2003 de la mencionada revista. Es evidente que se basó en esta documentación.

  • Documento nº 1.- Informe de Anatomía patológica del Hospital General
  • Documento nº 2.- Solicitud para TAC en el Hospital General
  • Documento nº 3.-  Precirugía
  • Documento nº 4.- Volante para cirugía, extirpación de vejiga y próstata
REF: 010 // Stock: Disponible